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La inversión en startups en los últimos años ha pasado de ser una actividad de nicho limitada a emprendedores que tuvieron éxito durante el boom tecnológico de principios de siglo, a ser un fenómeno cada vez más generalizado, llegando a ocupar espacios relevantes en los medios digitales y tradicionales.

Y no faltan razones para ello. En el periodo de bajas rentabilidades de la renta fija y los activos inmobiliarios en el que nos encontramos, y con la gran incertidumbre sobre los mercados globales, los inversores se han lanzado a buscar activos alternativos poco correlacionados con los anteriores y que puedan dar un empuje a sus carteras de inversión.

En medio de este marco coyuntural, el desarrollo tecnológico global liderado desde Sillicon Valley ha permitido reducir de manera drástica los costes para montar, escalar  e internacionalizar compañías, que con necesidades de capital relativamente pequeñas, en pocos años pueden tener un impacto y alcanzar valoraciones que anteriormente se tardaban décadas en conseguir.

Estas circunstancias han ido atrayendo cada vez más talento hacia el emprendimiento, y se ha producido una rápida dinamización del sector en España, donde en menos de una década han aparecido muchas compañías que han producido grandes retornos económicos para sus inversores iniciales. Algunos casos sólo en el último año son la venta de Privalia por 500M€, la empresa de juegos para Smartphone Social Point adquirida por 250M€, o la venta de Ticketbis a Ebay por 135M€.

La inversión en startups consiste en comprar participaciones en una o varias compañías en fases iniciales a una valoración relativamente baja, con la esperanza de que las empresas crezcan y el inversor pueda vender estas participaciones entre 4 y 7 años más tarde a un precio muy superior al que se adquirieron. La desinversión acostumbra a darse cuando una empresa grande compra la startup en la que se ha invertido, o cuando  un inversor de mayor tamaño entra en la empresa y compra las participaciones a los inversores iniciales.

Se trata de una inversión de riesgo elevado, ya que las startups son proyectos innovadores en fases muy iniciales, y hay muchos factores que pueden suponer un riesgo para la empresa, por eso un elevado porcentaje de ellas no supera los primeros 5 años de vida. Pero a largo plazo, una cartera diversificada de varias startups en fases iniciales, bien seleccionadas y bien gestionadas, puede ofrecer a los inversores rentabilidades de más del 20% anual, muy por encima de las rentabilidades medias de los activos tradicionales.

Y lo que aún es más interesante de este tipo de inversión, es que a diferencia de seguir el precio de las acciones en la pantalla del ordenador, ser accionista de una startup con potencial puede ser muy divertido y enriquecedor. La inversión en startups te permite formar parte de los inicios de compañías que han sido lanzadas para revolucionar sectores enteros, conocer de primera mano a emprendedores que pueden ser los grandes empresarios del futuro, y contribuir a la creación de empleo y la dinamización de la economía del país.

Y por si todo esto fuera poco, el gobierno está dispuesto a incentivar la inversión de inversores particulares en startups, ofreciendo deducciones fiscales de entre el 20%-30% de la inversión en compañías de menos de 3 años y con ciertos requerimientos a nivel de capital social, lo que aún hace más atractivo este tipo de inversión.

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Por Joaquim López, Director de Inversiones de The Crowd Angel

(Extracto del artículo “¿Quieres invertir en Startups? Te contamos cómo hacerlo y cuánto puedes ganar” publicado en Invertia.com el 16 de junio de 2017)